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Oficial Latino intenta reducir casos de COVID-19 en su pueblo en el sur de Illinois

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Nota del editor: Este reporte ha sido traducido del Inglés al Español. Hay partes del informe original que han sido editadas para mejor claridad.

Noe Márquez, el segundo al mando del Departamento de Policía en Fairmont CIty, sabe que la gente de su pueblo intenta no llamar la atención en estos días.

En un pueblo donde más del 80% de la población se identifica como Hispana y el 27% no son ciudadanos Estadounidenses, hay muchas razones por las que lo hacen.

Entre la focalización en los inmigrantes por Presidente Trump y su administración, el censo de este año, y mensajes de los políticos locales que insisten en hacerse la prueba del COVID-19, ha sido más difícil de lo normal para los residentes indocumentados y sus familias evitar el contacto con el gobierno.

“Ha traído mucho miedo,” dijo Márquez, quien ha vivido en el suroeste de Illinois desde los 2 años.

Solamente 10 minutos al este de St. Louis, al otro lado del río Mississippi, el pueblo es un destino popular por su comida mexicana y centroamericana. La competencia de los camiones de comida es feroz. Casas pequeñas y ordenadas se alinean en las calles, aunque muchas carreteras secundarias no tienen banquetas. Una zona de bosques pantanosos protege contra los sonidos de las carreteras cercanas, lo que le confiere un silencio que es un recuerdo de la vida rural.

Márquez, un teniente de policía, detective y mexicano-estadounidense de primera generación, es el enlace con el mundo de habla Inglesa, que muchos tiempos puede ser desconocido e incluso amenazador, para los residentes Latinos de Fairmont City. Sus colegas de raza blanca también lo ven como su conexión con la comunidad Hispana, siendo el único oficial Latino que trabaja a tiempo completo en el departamento de policía de 21, dice su amigo y ex-collega Scott Penny Jr.

Desde que comenzó la pandemia, Márquez ha adoptado otro título voluntario: el jefe de la información sobre la salud pública.

El coronavirus tiene un impacto desproporcionado en las comunidades Latinas y Fairmont City no es una excepción. A pesar de que la oficina del Gobernador J.B. Pritzker y los líderes del condado local traducen las conferencias de prensa y otra información al Español, las discrepancias con el lenguaje, la tecnología y la cultura han complicado la situación.

Márquez, que tiene 42 años, ha sido testigo de los problemas que ha presentado el COVID-19 de primera mano. Dos residentes que conocía murieron a consecuencia del coronavirus, y cientos más han caído enfermos. Desde el miércoles, el código postal que incluye el Fairmont City contó 227 casos conocidos del virus desde marzo — 63% de ellos Hispanos, según datos del Departamento de Salud Pública de Illinois. El código postal también incluye partes del área East St. Louis, y 27% de los casos fueron en residentes Negros.

Márquez se dio cuenta de la gravedad de las situación después de la muerte de una mujer de unos 50 años que frecuentemente hacía pan para los oficiales. Aunque rara vez salía de casa por motivos de salud, el virus la encontró a través de la gente que la visitaba.

“Tenías la cosa en que pensabas que el COVID nunca vendría a Fairmont. Somos una comunidad pequeña,” dijo Márquez, “y así fue.”

Un aumento peligroso de COVID-19

Debido a la desconfianza en el gobierno y la falta de recursos disponibles para la mayoría de la población de habla Hispana, era casi inevitable que el pueblo viera un brote de coronavirus.

A principios de Julio, cuando las pruebas comenzaron a aumentar, los líderes del pueblo descubrieron que el virus era más un problema de lo que pensaban. Las pruebas revelaron nuevas infecciones cada día después de que las fábricas reabrieron para los trabajadores no esenciales a finales de Junio. Los obreros de Fairmont City volvieron a trabajar en espacios limitados en la producción de acero, metales pesados y equipos de transporte, entre otras industrias manufactureras del área metropolitana.

“Era un aumento peligroso dado que esta ciudad es tan pequeña,” dijo Márquez.

El padre de Márquez, ahora retirado, antes era uno de esos trabajadores. Mientras su madre se quedaba en casa para cuidar a Márquez y sus dos hermanos, su padre trabajaba en una planta de producción de acero, a veces siete días a la semana.

“Nos enviaron a escuelas privadas con un solo ingreso,” dijo Márquez, quien se graduó de la Escuela Secundaria Católica Althoff en Belleville en 1997.

La gente, como el padre de Márquez, sabe que si no van a trabajar, podrían fácilmente perder su trabajo a la siguiente persona en la fila. Y hay mucha gente en la fila, dijo Márquez.

Por esa razón, los trabajadores inmigrantes tienden a ir a trabajar aunque se sientan enfermos.

“Muchos hombres Hispanos lo ven como algo débil si estás enfermo y no vas a trabajar,” dijo Márquez. “Sólo tienes que aguantarte o te dicen cosas en el trabajo.”

Esta costumbre tal vez ha contribuido al aumento de la transmisión del coronavirus, y la sospecha de un aumento en las pruebas puede haber contribuido también.

“Muchos inmigrantes indocumentados tienen miedo si salen positivos en la prueba del COVID, porque piensan que (el gobierno) podría saber dónde viven,” dijo Márquez. “Por eso hay mucha duda para que la gente vaya y hacerse la prueba.”

La falta de intercambio de información también podría ser la culpable. Mientras que las comunidades más ricas del metro-este disfrutan de un fácil acceso a teléfonos inteligentes y acceso confiable al internet, algunos residentes de Fairmont City tienen la suerte de solo tener un teléfono móvil, pero no tener un iPhone.

El ingreso medio por hogar está más o menos a los $35,000, en comparación con los aproximadamente $52,000 por hogar en la ciudad cercana de Collinsville, donde la mayoría de los niños de Fairmont City van a la escuela pública.

“¿Cuáles son los síntomas? ¿Quién debería hacerse la prueba? ¿Es doloroso? ¿Quién obtiene la información?” Márquez dijo que la gente se pregunta. “Todas estas cosas que bombardean a las personas de habla Inglesa por las noticias y los medios sociales, no estaban allí para la comunidad de habla Hispana.”

Ayudando a la comunidad Latina

Como intermediario de las comunidades de habla Inglesa y Española, Márquez sabía que tenía la responsabilidad de ayudar a traducir la información, tanto cultural como lingüísticamente.

Eligió hacerse un policía no por el llamado “estereotipado de proteger y servir,” dijo, sino porque quería ayudar a extender la información y la asistencia que el gobierno de la región no ha extendido a los Latinos.

“Para mí tuvo mucho que ver con el hecho de crecer y no tener muchos recursos proporcionados para la comunidad Hispana,” dijo Márquez.

Uno de los mayores retos en la comunidad fue tratar de ayudar a que la gente entienda que no podían continuar con sus costumbres habituales de hacer fiestas frecuentes y grandes.

“Los Latinos aman las fiestas. La fiesta de cumpleaños de un niño de 5 años se convierte en una de 50 personas,” dijo Márquez. “COVID realmente puso los frenos a todo eso y además de usar máscaras y el distanciamiento social, también significaba mantenerse alejado de sus familias los más que fuera posible.”

Márquez consiguió la ayuda de algunas figuras conocidas de la comunidad Latina para ayudar a compartir los mensajes sobre la salud pública que ya se habían filtrado bien en las comunidades de habla Inglesa durante el verano.

A petición de Márquez, José Martínez – el ex beisbolero de los Cardenales de San Luis que ahora juega para los Cubs de Chicago – grabó un vídeo en Español específicamente para la gente de Fairmont City, instándolos a seguir las directivas de salud. Polo Ascencio, el emisor española de los Cardenales de San Luis, también le pidió a los residentes que se quedaran en casa cuando fuera posible, que usaran máscaras, se lavaran las manos y que mantuviera distancia entre uno al otro.

El departamento de policía compartió los videos en su página de Facebook, que tiene casi 2,500 seguidores.

Los mensajes de las celebridades ayudó a pasar el mensaje, pero Márquez y sus compañeros también hicieron el trabajo de compartir el mensaje con las familias sin acceso fiable al internet. Una manera para hablar con la gente era en las rutas de entrega de comida para los niños de la escuela.

El gobernador cerró las escuelas para parar enseñanza en persona en abril para detener la transmisión del virus, pero los niños aún necesitaban sus almuerzos. El Distrito Escolar de Collinsville preparó la comida en bolsas, la policía de Fairmont City la recogió y distribuyó mientras compartían toda la información que podían compartir, a la misma vez, usando máscaras y manteniendo su distancia.

A finales de Agosto, el número de casos de COVID-19 en la ciudad de Fairmont comenzó a bajar a pesar del aumento de las pruebas, pero la transmisión no se ha detenido y sigue aumentando en el código postal cada día. Con números de casos de diabetes y otros problemas de salud más altos que en las comunidades de raza blanca, el virus representa una amenaza mayor.

Cada pérdida es un golpe para el pueblo pequeño, dijo Márquez, incluso si se trata de sólo una o dos muertes. Buscan la ayuda de Márquez, pero la policía de allí todavía tiene obstáculos que pasar, el dijo, especialmente en la comunidad Latina donde los residentes tal vez no pueden confiar en la aplicación de la ley en el país de donde originan.

“No es un secreto que muchos gobiernos, no sólo en México sino en otros países, están involucrados en el crimen y la corrupción. Vienen aquí pensando que eso es natural,” dijo Márquez. “Por eso hacer policía comunitaria aquí es la meta número uno.”

This story was originally published September 19, 2020 at 6:00 AM.

Kelsey Landis
Belleville News-Democrat
Kelsey Landis is an Illinois state affairs and politics reporter for the Belleville News-Democrat. She joined the newsroom in January 2020 after her first stint at the paper from 2016 to 2018. She graduated from Southern Illinois University in 2010 and earned a master’s from DePaul University in 2014. Landis previously worked at The Alton Telegraph. At the BND, she focuses on informing you about what your lawmakers are doing in Springfield and Washington, D.C., and she works to hold them accountable. Landis has won Illinois Press Association awards for her work, including the Freedom of Information Award.
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